Los memes tenían razón: la cara para expresar no rotundo es universal sin importar el idioma

Aprieta los labios, frunce el ceño y eleva la barbilla. ¿Lo tienes? Acabas de poner la que, según un grupo de investigadores de la Universidad del Estado de Ohio, es la cara universal para mostrar profundo desacuerdo con algo independientemente del idioma que hables.

Sus “descubridores” de hecho, la conocen como la “cara de no”, y aseguran que es la misma para idiomas tan dispares como el español, el inglés, la lengua de signos (estadounidense) o el chino mandarín. El gesto es una combinación de tres expresiones diferentes: ira (ceño fruncido), disgusto (barbilla levantada) y desprecio (labios fruncidos).

El estudio del que proviene este gesto universal consistía en medir las expresiones faciales de 158 estudiantes que hablaban diferentes lenguas. Para lograr que hicieran un gesto de negativa natural, los investigadores simplemente mantenían con ellos una larga conversación en su propio idioma en cuyo guión había algunas afirmaciones abiertamente ilógicas o absurdas sobre las que se preguntaba a los estudiantes si estaban de acuerdo o no.

Foto: Oregon State University

Foto: Oregon State University

Lo curioso es que, según los investigadores, el propio gesto de negativa puede ser considerado una unidad gramatical básica por sí misma si nos atenemos a su frecuencia. Los lenguajes humanos suelen tener una frecuencia de entre 3 y 8 sílabas por segundo (de 3 a 8 hertzios). La “cara de no” se forma entre los 4,33 y los 7,49 hertzios según el idioma. Está diseñada para que la interpretemos como una respuesta por sí misma.

dhutybddiotlg6m0hptdPor supuesto, Internet ya había llegado a la misma conclusión hace mucho tiempo, aunque no siguiendo un método científico. El meme “No” de Rage Comics lleva en circulación desde agosto de 2010, y se parece mucho al gesto de negativa que los investigadores han confirmado ahora como universal. Comenzó su andadura en Cheat Engine, y se difundió, junto al resto de Rage Faces, desde foros como 4Chan o Reddit.

El estudio, que acaba de publicarse en la revista Cognition, revela que el gesto se forma cuando estamos en desacuerdo con una idea incluso aunque no verbalicemos una negativa. Para encontrar esta expresión, los investigadores han identificado mediante algoritmos hasta 21 expresiones diferentes y sus combinaciones, pero ninguna de ellas es tan universal como la que usamos para decir no. Darwin teorizaba que las expresiones para transmitir ira, desagrado o agresión son mucho más críticas para la supervivencia que las necesarias para socializar, y por ello aparecieron antes en la evolución. [Cognition vía Ohio State University]

Fuente: http://es.gizmodo.com

En torno a Joyce y otros demonios

En torno a Joyce y otros demonios

No hay obra que alcance las cotas de inaccesibilidad, ilegibilidad e intraducibilidad de ‘Finnegans Wake’, que acaba de ser vertida al español completa por primera vez

Imagen de James Joyce, de 1922.

Imagen de James Joyce, de 1922.

En cuestiones de traducción literaria, uno de los casos límite es sin duda el de James Joyce. Obras tempranas como Dublineses y El retrato del artista adolescente no suponen un reto mayor, salvo la necesidad de preservar las cualidades musicales, a veces asombrosamente elusivas, de la prosa. Por el contrario, el nivel de dificultad que presenta el Ulises raya en el paroxismo. La cuestión es problemática: hay obras cuya universalidad, manifiesta desde el momento mismo de su aparición, hace necesario su traslado urgente a otras lenguas. Fue el caso del Quijote y, cuatro siglos después, del Ulises.

En cuanto al libro de Joyce, su extraordinaria dificultad arroja sobre ella el estigma de que estamos ante una obra no ya ilegible, sino virtualmente intraducible, juicio desmentido por el hecho de que no hay lengua literaria en el planeta a la que no se haya vertido el Ulises. Dos hechos que resaltar aquí: la necesidad de la traducción como operación cultural pesa más que su imposibilidad, supuesta o real.

En segundo lugar, el hecho de que ciertas obras literarias resulten inaccesibles para un número ingente de lectores no disminuye un ápice su importancia. Tampoco está al alcance de la inmensa mayoría de la población entender el lenguaje especializado de la ciencia, lo cual no impide que dependamos de los avances que se dan en campos como la medicina o la astrofísica. El gusto no desempeña aquí papel alguno (incluso Borges o Cervantes tienen sus detractores), la cuestión es otra. Como ocurre con ciertas manifestaciones artísticas o musicales, la considerable complejidad de un artefacto textual como el Ulises exige un elevado nivel de adiestramiento por parte de quien aspire a su disfrute estético. Por otra parte, la dificultad inherente a ciertas obras literarias hace que resulte a veces inútil trasladarlas a otro idioma.

Paradójicamente, la calidad de la traducción no es un factor determinante. Hay veces (ocurrió con las primeras traducciones de Faulkner al castellano, la mayoría de un nivel ínfimo) en que la torpeza del traductor no logra destruir por completo la fuerza y belleza del original, que el lector llega a vislumbrar. En otros casos, el problema es casi el contrario. Algunos autores fundamentales en su ámbito lingüístico originario no logran llegar a los lectores en otro idioma ni siquiera cuando están bien traducidos. Es el caso de las versiones inglesas de los esperpentos de Valle-Inclán o Paradiso, la magistral novela de Lezama Lima. Lo idiosincrático de la lengua literaria empleada por sus autores convierte a estas obras en objetos culturalmente intransferibles, fuera incluso del alcance de los lectores más cultos. La excelente traducción de Paradiso al inglés, realizada por Gregory Rabassa, no ha hecho mella alguna en el ámbito cultural anglosajón, al contrario que sus traducciones de García Márquez. Con algunos escritores norteamericanos contemporáneos clave, como Thomas Pynchon o David Foster Wallace, la cuestión puede llegar a alcanzar considerables niveles de complejidad. La traducción de algunas obras de estos y otros autores se aleja en ocasiones tanto de la textura del original que lo que tiene el lector en sus manos es otro libro, no solo muy inferior, sino distinto (recuerdo cierta versión atroz de La subasta del lote 49, de Pynchon).

El aura de prestigio que rodea a algunos autores (el caso de Foster Wallace, cuya tragedia personal ha hecho de él una figura mítica, es particularmente relevante) minimiza el hecho de que la traducción al español de algunas de sus obras sea deficiente.

Por lo que a inaccesibilidad, ilegibilidad e intraducibilidad se refiere, no hay obra que alcance las cotas de Finnegans Wake, a la que Joyce dedicó 17 años, casi hasta el final de su vida. Este texto ejemplifica una circunstancia que se da en torno a ciertas obras notorias por su dificultad. La fascinación por su carácter hermético las convierte en objetos de veneración. Hay webs dedicadas a los textos más oscuros de Pynchon, Foster Wallace y Joyce, entre otros. La paradoja aquí es de otro signo: más que de leerlos, se trata de preservar el aura de misterio que envuelve a los textos. Más paradojas: pese a ser intraducible, hay versiones de Finnegans Wake en francés, turco, alemán, griego, coreano, polaco, portugués, holandés, chino y, muy recientemente, en español (obra del argentino Marcelo Zabaloy).

En el mundo hay tan solo un libro más inaccesible, ilegible, intraducible y, por tanto, más enigmático y fascinante aún que Finnegans Wake: el códice Voynich, solo que queda fuera de los márgenes de lo que entendemos por literatura, ya que los caracteres que integran su texto no corresponden a ningún idioma conocido. Cuando salga a la venta clonado por Siloé, se venderá al precio medio de 7.500 euros el ejemplar, lo cual le confiere un sesgo distinto al término inaccesible. Teniendo en cuenta que no se sabe si los signos textuales corresponden a algún lenguaje natural o inventado, no es posible leerlo ni traducirlo. Quien se pueda permitir su adquisición (numerosas bibliotecas se han mostrado interesadas), se tendrá que conformar con contemplarlo.

Eduardo Lago coordinará una traducción panhispánica de Ulises bajo los auspicios del Instituto Caro y Cuervo
Fuente: http://cultura.elpais.com

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